«En mi época los niños no se portaban así» o «Las mamás de hoy no saben educar, les falta mano dura». Son dos de las frases que las mamás de hoy, tengamos o no hijos neurodivergentes, escuchamos muchísimo más seguido de lo que nos gustaría. Que si es maleducado, que no pide por favor, que te maneja con el dedo, que si sigue así va a ser un bueno para nada, etc.

Es como si las abuelas y bisabuelas de hoy hubiesen sido mamás perfectas cuando les tocó a ellas y, algo que no es menor, como si el mundo de hoy en día fuera igual al que les tocó a ellas cuando sus hijos eran chicos.

Niguna de esas cosas es real. Las mamás de hoy en día crian mientras tratan de resignificar traumas de sus propias infancias (al menos las que yo conozco) y el mundo pasó de ser 100% análogo a transformarse en una selva digital de la que es muy difícil desconectar a los niños.

Ya sea porque no podemos estar en el día a día para asegurarnos que no esten pegados a la pantalla o porque no podemos simplemente mandarlos a jugar a la calle porque la sociedad cambió y el mundo se convirtió en un lugar mucho menos seguro.

Quiero contarte algo: criar hoy es objetivamente más difícil. No es que seas menos capaz. No es que te falte vocación. La ciencia tiene una respuesta bastante clara sobre qué cambió, y tiene que ver con el aislamiento, la pérdida de comunidad y lo que el estrés crónico le hace a tu cortisol y al cerebro de tu hijo.

El mito de la madre que «antes podía sola»

Durante miles de años, la humanidad crió en tribu. Los estudios de antropología evolutiva son consistentes: los seres humanos nunca estuvimos diseñados para criar en soledad, ni en parejas nucleares aisladas. En comunidades tradicionales, los niños eran cuidados por una red de adultos, abuelas, tías, vecinas, amigos, lo que los investigadores llaman alomaternal care (cuidado por parte de personas que no son la madre biológica).

El modelo de familia nuclear tal como lo conocemos hoy, mamá, papá y los hijos en una casa separada del resto, es una invención relativamente reciente de la industrialización, y el cambio que ha significado para las familias del último siglo es uno para el que el ser humano no estaba listo evolutivamente hablando.

Una encuesta nacional realizada por la Universidad Estatal de Ohio en 2024 encontró que el 66% de los padres siente que la crianza es frecuentemente solitaria y aislante, y el 79% desearía tener más conexión con otras familias fuera del trabajo y el hogar.

¿Qué significa esto? En palabras simples que criar hoy dia es más difícil que lo que era hace 40 o 50 años atrás.

Qué le pasa a tu cuerpo cuando crías sola

El aislamiento no es sólo una sensación incómoda. Cuando el sistema nervioso percibe que no tienes red de apoyo, activa el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HPA), el mismo sistema que dispara el cortisol en situaciones de amenaza. El problema es que este mecanismo fue diseñado para responder a peligros puntuales, no para estar encendido de forma permanente.

Cuando el estrés es crónico, como lo es al criar en aislamiento, con pocas horas de sueño, sin descanso real y con la carga mental siempre activa, el cortisol deja de ser una respuesta adaptativa y se convierte en un problema. Un estudio publicado en Psychoneuroendocrinology que siguió a niños desde la infancia hasta la adolescencia demostró que el estrés acumulado en etapas tempranas produce una desregulación duradera del eje HPA, con consecuencias para la salud mental a largo plazo.

Lo que más me impacta de todo esto: ese cortisol elevado no se queda sólo en tu cuerpo.

El cortisol se contagia: cómo tu estrés llega al sistema nervioso de tu hijo

Si estás criando a un hijo neurodivergente, probablemente ya sabes que su sistema nervioso es especialmente sensible. Lo que quizás no sabías es que el nivel de estrés crónico de la madre tiene un impacto medible en la biología del niño.

Un estudio publicado en PLOS ONE analizó cómo el estrés parental se relaciona con los niveles de cortisol diurno en niños, y encontró que un mayor estrés crónico de los cuidadores se asocia con patrones alterados de cortisol en los hijos, especialmente en aquellos con menor capacidad de autorregulación. En otras palabras: cuando tú estás crónicamente estresada, el cuerpo de tu hijo lo registra y también activa sus propias respuestas de estrés.

Esto no es para generar culpa, sino que es exactamente lo contrario. La ciencia te dice que tu bienestar no es un lujo, es una necesidad biológica del desarrollo de tu hijo. Criar en aislamiento no es una decisión personal fallida, es una condición estructural que afecta a la inmensa mayoría de las familias modernas.

Si esto resuena contigo, te invito a leer también sobre la fatiga parental y cómo gestionarla — porque lo que describes como «no poder más» tiene una base biológica muy real.

Por qué los niños de hoy están más desregulados

El aislamiento moderno no sólo afecta a las madres; los niños también perdieron algo fundamental: la exposición a múltiples adultos regulados en lugar de a algunos pocos que no logran mantenerse en su centro debido a la alta demanda a la que son expuestos diariamente, el acceso a diferentes ritmos de vida y a la diversidad de vínculos que antes ofrecía la comunidad.

Un niño que sólo interactúa con sus padres estresados, que va a un colegio con demandas crecientes y que no tiene una red de sostén comunitario, está sometido a una cantidad de presión regulatoria que su sistema nervioso en desarrollo no puede procesar fácilmente. Si ese niño además es neurodivergente, el impacto se multiplica.

Esto explica en parte por qué vemos más desregulación infantil hoy que hace décadas: no es que los niños «estén peor criados», sino que las condiciones estructurales de la crianza moderna generan un nivel de estrés acumulado que afecta el desarrollo del sistema nervioso desde los primeros años.

¿Qué puedes hacer con esto?

La respuesta honesta es que no puedes reconstruir una tribu sola. Aun así, hay cosas concretas que hacen diferencia.

La primera es nombrar lo que está pasando. Dejar de culparte por estar agotada y reconocer que ese agotamiento es una respuesta esperable a condiciones objetivamente difíciles. El cortisol elevado no es un defecto de carácter.

La segunda es buscar co-regulación donde puedas. El sistema nervioso se regula en contacto con otros sistemas nerviosos. Aunque no tengas tribu, una relación de confianza, con otra mamá, con una profesional, con una comunidad aunque sea virtual, tiene un efecto real en tu cuerpo. La calma se contagia igual que el estrés.

La tercera es reducir la carga de decisiones. Las rutinas, los sistemas simples, delegar lo que puedas no son señal de que no puedes, son protección neurológica para ti y para tu hijo y una señal de que reconoces tus limitaciones y las reales necesitades de tu famila.

Criar hoy es más difícil, objetivamente hablando, pero podemos establecer estrategias diseñada para bajar esta carga y darle a nuestro sistema nervioso un merecido descanso.

¿Qué técnica te funciona a ti? comártela en los comentarios, quizás a alguien más le sirven.

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Saber que algo existe no alcanza. Criar Sin Molde te lleva paso a paso por este proceso — porque leer sobre el aislamiento y el cortisol es el primer paso, pero trabajarlo es otro. Míralo aquí.

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