La terapeuta de mi hijo me pasó una hoja con tres ejercicios para practicar durante la semana. Yo asentí, la guardé en la cartera y no la volví a sacar hasta el día antes de la sesión siguiente.
Llegué con la hoja en blanco y con una explicación larga sobre lo caótica que había estado la semana. Ella fue amable. Yo igual me fui de ahí sintiendo que era la mamá que no hace la pega.
Si alguna vez saliste de una consulta con esa misma sensación, hay un estudio recién publicado que le pone nombre a lo que le pasa a una mamá con TDAH cuando le mandan tarea para la casa.
Qué preguntó este estudio que nadie había preguntado antes
Un equipo de la Arizona State University publicó a fines de agosto en Journal of Attention Disorders el primer trabajo que se sienta a preguntarle directamente a las mamás con TDAH por qué no logran aplicar en la casa lo que aprendieron en el taller.
Hablaron con 16 mamás con síntomas de TDAH que acababan de terminar un programa de entrenamiento parental conductual, y con 4 terapeutas que dictan esos programas. Los juntaron en grupos focales y entrevistas, y los dejaron hablar.
El entrenamiento parental conductual es el taller que te ofrecen cuando a tu hijo le diagnostican TDAH. Te enseñan a dar instrucciones de una sola indicación, a reforzar lo que sí hace, a usar tablas de puntos, a manejar los desbordes sin escalar.
Es la intervención de primera línea en casi todas las guías clínicas del mundo. Antes de la medicación, o junto con ella, esto es lo primero que se recomienda.
Hay un dato que se sabe hace años y que casi nunca se dice en la consulta: cuando la mamá también tiene TDAH, esos programas funcionan bastante menos.
Hasta ahora la explicación era circular. Funcionan menos porque las mamás usan menos las herramientas en la casa. Este estudio fue a buscar el paso que faltaba, que es entender qué se interpone.
La primera barrera: te piden organización justo donde está la dificultad
El primer tema que apareció en los grupos fue el más evidente y el que menos se nombra en voz alta: las funciones ejecutivas y los síntomas de TDAH de la propia mamá.
Las funciones ejecutivas son el grupo de habilidades que te permiten planificar algo, acordarte de lo que ibas a hacer, empezar una tarea sin que te empuje una fecha límite encima y sostenerla hasta terminarla.
El entrenamiento parental descansa completamente en eso. Tienes que llevar un registro diario. Tienes que ser consistente durante ocho o doce semanas seguidas. Tienes que acordarte de la técnica exacta en el momento exacto.
A una mamá con TDAH le están pidiendo, como requisito de entrada, precisamente la habilidad que su cerebro procesa distinto.
Acordarse de la técnica en el momento exacto
Esta es la parte que a mí más me cuesta explicar cuando alguien me pregunta por qué no aplico lo que sé. Me sé la técnica perfecto. La puedo explicar de memoria, con ejemplos.
En el minuto en que mi hijo está gritando en el pasillo, la información simplemente no está disponible. Aparece cuarenta minutos después, cuando ya se resolvió solo.
Las mamás del estudio describieron lo mismo con otras palabras. El conocimiento estaba. El acceso al conocimiento bajo estrés, no.
La segunda barrera: el programa va a una velocidad que no es la tuya
El segundo tema fue el ajuste entre el programa y la persona que lo recibe. Las mamás mencionaron dos cosas concretas: que el ritmo era demasiado rápido, y que se iban de la sesión sin entender bien la habilidad que supuestamente acababan de aprender.
Estos talleres suelen durar entre ocho y doce sesiones, con una técnica nueva por semana. La estructura asume que lo de la semana pasada ya quedó instalado.
Si tu atención se fue a otra parte durante veinte minutos de la sesión, ese contenido no vuelve. La semana siguiente el grupo ya está en el módulo que sigue, y tú vas arrastrando un hueco.
Entender la técnica y saber ejecutarla son dos cosas distintas
Varias mamás contaron que salían pensando que habían entendido, y recién en la casa, con el niño desbordado, se daban cuenta de que no sabían qué hacer con eso en la práctica.
Los terapeutas del estudio confirmaron lo mismo desde su vereda. Notaban que algunas mamás asentían en la sesión y después aplicaban una versión distorsionada de la técnica, o una mezcla de dos.
Nadie estaba fingiendo. La comprensión en la sala y la ejecución en la casa son procesos separados, y el taller solo entrena el primero.
La tercera barrera: la regulación emocional de la mamá, no la del niño
El tercer tema fue la regulación emocional y la motivación. Esta parte merece que nos detengamos.
Todo el entrenamiento parental se apoya en que tú te mantengas calmada mientras tu hijo se desregula. Esa es la instrucción base, la que sostiene a todas las demás.
La desregulación emocional es parte del TDAH adulto, aunque no aparezca en el listado de síntomas que la gente conoce. La frustración llega más rápido, sube más alto y baja más lento.
Le estás pidiendo a una mamá que regule a su hijo con una herramienta que exige que ella esté regulada primero.
Si en tu casa las mañanas terminan en gritos, esto es parte de la explicación. Sobre eso escribí aparte en cómo armamos una rutina de mañana que no termina en gritos.
El entusiasmo del día uno y el abandono del día once
Sobre la motivación, las mamás describieron algo que reconozco de memoria. El entusiasmo enorme del primer día. La tabla de puntos armada con plumones de colores y stickers comprados especialmente.
Después viene el abandono completo al día once, cuando la novedad se acabó y la tabla quedó pegada en el refrigerador con la última marca puesta hace una semana.
Esa curva es parte de cómo funciona la motivación en el TDAH, que responde mucho a lo nuevo y bastante poco a lo sostenido en el tiempo. Los programas están diseñados para lo segundo.
La cuarta barrera: la casa real, con más de un hijo adentro
El último tema fueron los factores del niño y de la familia. Acá entra todo lo que el manual del taller no contempla.
Tener más de un hijo, por ejemplo. Muchas técnicas están diseñadas asumiendo que puedes darle atención individual y sostenida a uno, durante quince minutos diarios, sin interrupciones.
También apareció la comunicación dentro de la familia. Si tu pareja no aplica lo mismo, o si directamente cree que esto es consentirlo, tú terminas sosteniendo el sistema sola y el niño recibe dos mensajes distintos.
Cuando en la casa hay más de una persona con TDAH
El TDAH es altamente heredable. En la mayoría de estas familias no hay una sola persona con la condición, hay varias, con distintos grados y casi siempre sin diagnóstico en los adultos.
Eso significa que la mamá que está tratando de sostener el sistema muchas veces lo está haciendo con una pareja que también olvida, también posterga y también se desregula. Escribí sobre eso en por qué tú o tu pareja también se reconocen en los rasgos, aunque no tengan diagnóstico.
Por qué el entrenamiento parental funciona menos cuando la mamá también tiene TDAH
Durante años la lectura clínica de todo esto fue que estas mamás adhieren menos al tratamiento. Adherencia es la palabra que se usa en salud para decir si el paciente hace o no hace lo que se le indicó.
Es una palabra que suena neutra en el papel y que en la práctica se lee como falta de compromiso. La mamá la escucha así, aunque nadie se lo diga en la cara.
Lo que hace este estudio es cambiar la pregunta. En vez de medir cuánto cumpliste, fue a preguntar qué se te puso adelante.
Los cuatro temas que salieron son problemas de diseño de la intervención, no rasgos de carácter de la mamá que la recibe.
Un programa que exige funciones ejecutivas intactas para poder aprender las estrategias que compensan las funciones ejecutivas está mal diseñado para una parte enorme de las familias que lo necesitan.
Los autores lo plantean con todas sus letras. Proponen modificar la intervención con estrategias cognitivo-conductuales dirigidas a la mamá, con herramientas digitales de apoyo y con cambios en la forma de entregar el programa.
Qué pedirle al terapeuta de tu hijo en la próxima sesión
Esto es importante: nada de lo que viene abajo requiere que consigas un programa especial ni que cambies de profesional. Son ajustes que le puedes pedir a quien ya está atendiendo a tu hijo.
- Dilo de entrada. «Yo también tengo TDAH», o «yo tengo los mismos rasgos que estamos viendo en mi hijo, sin diagnóstico». Eso cambia el diseño completo de lo que te van a pedir.
- Una habilidad a la vez. Pide quedarte en la misma técnica hasta que te salga sola, aunque el grupo avance y tú te demores el doble.
- Practicarla ahí mismo. Antes de irte, pide hacer el juego de roles en la consulta. Ejecutar una vez con alguien mirando vale más que diez explicaciones.
- El registro más simple que exista. Cambia la planilla diaria por una nota de voz de treinta segundos, o por tres marcas en el celular. El registro es para el terapeuta, no para tu conciencia.
- Recordatorios externos. Alarmas en el teléfono, un papel pegado en el marco de la puerta, la frase escrita en el espejo del baño. La memoria no es el lugar donde esto se guarda.
- Un plan para el día once. Pregunta explícitamente qué hacer cuando se te acabe el entusiasmo, porque se te va a acabar y eso está previsto.
El guion exacto para decirlo
Si te cuesta abrir el tema, esto es literalmente lo que puedes decir en la próxima sesión:
- «Quiero contarte algo que creo que es relevante para el tratamiento de mi hijo: yo también tengo TDAH.»
- «El registro diario no me está funcionando. ¿Podemos buscar una forma más simple de que yo te muestre lo que pasó en la semana?»
- «Prefiero que trabajemos una sola técnica hasta que me salga sola, aunque avancemos más lento que el resto.»
- «¿Podemos practicarla acá antes de que me vaya?»
- «Necesito que me digas qué hacer las semanas en que no voy a poder sostener el sistema completo.»
Todas esas frases son información clínica sobre la persona que va a ejecutar el tratamiento en la casa. El terapeuta las necesita para ajustar el plan, igual que necesita saber a qué hora se duerme tu hijo.
Lo que cambié en mi casa
Yo llegué tarde a esto. Pasé como dos años convencida de que era desordenada, y recién cuando me diagnosticaron entendí por qué las hojas con ejercicios se me perdían siempre en el mismo rincón de la cartera.
Lo que me sirvió fue dejar de intentar sostener sistemas complejos. Cambié la tabla de puntos por una sola frase que digo siempre igual, con las mismas palabras, todos los días.
Cambié el registro diario por una nota de voz de treinta segundos que grabo en el auto después de dejarlo en el colegio. La terapeuta la escucha antes de la sesión y llegamos las dos con la misma información.
No lo hago perfecto. Hay semanas en que no grabo nada y llego con las manos vacías igual que antes. La diferencia es que ahora sé por qué pasa, y eso me ahorra la parte de sentirme una mala mamá encima.
La carga mental de sostener todo esto es un tema aparte y pesa por su cuenta. Sobre eso escribí en la carga mental que nadie ve cuando tu hijo es neurodivergente.
Si estás leyendo esto con la hoja de ejercicios guardada en algún lado sin hacer, quédate con un detalle de esas 16 mamás del estudio: todas habían terminado el programa completo. Fueron a todas las sesiones. Igual les costó aplicarlo en la casa.
Que a una mamá con TDAH le cueste ejecutar el entrenamiento parental es un dato clínico del tratamiento, no una medida de cuánto quieres a tu hijo.
Buscaste el taller, pediste la hora, te sentaste ahí ocho semanas con la esperanza de que algo cambiara. Eso ya dice bastante de la mamá que eres.
¿Sientes que esta crianza no calza en ningún molde?
Escribí Criar sin molde para acompañarte a conocer a tu hijo de verdad y recorrer este camino desde el vínculo, sin recetas genéricas y sin culpa. Es un ebook en PDF, para leer a tu ritmo, en el celular o donde te acomode.
