Son las 9:47 de la noche. Ya leíste el mismo cuento tres veces, ya llenaste la botella de agua dos veces, ya revisaste que no hubiera arañas en el clóset, y tu hijo sigue ahí, con los ojos abiertos, dándose vueltas, preguntándote si puede prender la luz «solo un ratito más». Mañana hay colegio. Tú también tienes que trabajar temprano. Y una parte de ti, cansada, sin paciencia, empieza a pensar que esto es un problema de límites, de rutina, de que «lo estás malacostumbrando». El sueño en niños neurodivergentes, ya sean autistas, con TDAH, o ambos, es uno de los problemas más silenciados de la crianza, porque nadie habla de las noches. Se habla de las rabietas, de las notas del colegio, de la selectividad alimentaria. Casi nadie habla de que llevas años sin dormir ocho horas seguidas.

Yo tampoco dormí bien durante años. Durante mucho tiempo pensé que el problema era mío: que no ponía suficiente límite, que cedía muy rápido, que debía ser más estricta con la hora de acostarse. Lo que no sabía,lo que ninguna mamá nos cuenta porque nadie nos lo dice a tiempo, es que el cerebro autista y el cerebro con TDAH procesan el sueño de manera distinta. No es un tema de crianza. Es neurobiología.

Lo que encontró la revisión científica que cambia cómo entendemos el sueño neurodivergente

En octubre de 2025, la revista The Lancet Child & Adolescent Health publicó una revisión que reúne años de evidencia sobre sueño y ritmo circadiano en niños autistas y con TDAH. No es un estudio con una muestra específica: es una revisión, un equipo de investigadores que lee y sintetiza decenas de estudios previos para identificar patrones consistentes. El patrón que encontraron es contundente. Las alteraciones de sueño y ritmo circadiano,dificultad para conciliar el sueño, para mantenerlo, y un reloj biológico que se atrasa respecto al de otros niños, son extremadamente comunes tanto en niños autistas como en niños con TDAH, y todavía más frecuentes en niños que tienen ambos, lo que hoy se conoce como AuDHD.

Lo que hace importante este estudio no es solo confirmar algo que tú ya sospechabas. Es lo que proponen como mecanismo. Los investigadores plantean que el sueño alterado no es solo una consecuencia de ser autista o tener TDAH, como si el cerebro ya viniera «así» y por eso durmiera mal. Plantean que la falta de sueño de calidad podría estar afectando activamente el desarrollo cerebral: la neuroplasticidad, la poda sináptica,el proceso por el cual el cerebro elimina las conexiones neuronales que no usa, para volverse más eficiente, y el funcionamiento de la corteza prefrontal, la zona encargada de la regulación emocional, la planificación y el control de impulsos.

Dicho de otra forma: dormir mal no es solo un síntoma incómodo. Podría estar empeorando, noche tras noche, la capacidad de tu hijo para regularse durante el día.

Lo que pasa en el cuerpo, no solo en la cabeza

Una de las cosas que más me costó entender,y que la revisión de The Lancet explica con claridad, es que buena parte de esta dificultad para dormir no tiene que ver con «portarse mal» a la hora de acostarse. Tiene que ver con melatonina. En niños con TDAH, distintos estudios han encontrado que la secreción de melatonina se produce más tarde de lo esperado, lo que en la práctica significa que el cuerpo de tu hijo literalmente no está listo para dormir a la hora en que tú necesitas que duerma. Su reloj biológico interno todavía no llegó a esa fase, aunque parezca que simplemente no quiere dormir.

Súmale a eso la hiperactivación sensorial que muchos niños autistas experimentan en la noche: el roce de las sábanas, el sonido de la casa asentándose, la luz que se cuela por la cortina. Lo que para ti es silencio, para su sistema nervioso puede seguir siendo información que procesar. Un cerebro que sigue procesando no es un cerebro que puede apagarse.

Lo que esto significa en tu casa, hoy

No quiero dejarte solo con el diagnóstico del problema,para eso vamos a escribir una guía práctica más adelante en la semana, pero sí quiero que te lleves algo concreto hoy: la irritabilidad de la tarde, ese momento en que tu hijo llega del colegio y explota por algo mínimo, tiene una relación directa con cómo durmió anoche. Ya escribí antes sobre qué intervenciones sí ayudan a regular el desborde en niños con TDAH, y el sueño aparece una y otra vez como una de las variables que más pesa, aunque casi nunca sea la primera en la que pensamos.

Lo mismo pasa con el agotamiento que muchos niños neurodivergentes arrastran del colegio. Si ya escribiste alguna vez sobre el costo biológico del masking escolar, sabes que sostener una máscara social durante ocho horas consume una cantidad enorme de energía nerviosa. Un niño que llega agotado por el esfuerzo de «portarse bien» todo el día, y que además tiene un sistema circadiano que no sincroniza fácil con el horario que el colegio exige, está cargando dos batallas al mismo tiempo: la de regularse de día, y la de descansar de noche. Y las dos se alimentan entre sí.

La buena noticia, si se puede llamar así, es que la predictibilidad sí importa, aunque no sea la única pieza del rompecabezas. En otro artículo hablamos de por qué la rutina le da calma al sistema nervioso neurodivergente, y esa misma lógica aplica al sueño: no porque la rutina sea «la solución mágica», sino porque un sistema nervioso que ya trabaja con incertidumbre sensorial y circadiana necesita todas las señales externas de previsibilidad que le puedas dar.

Qué dice la evidencia sobre las intervenciones, y qué no dice todavía

Antes de que pienses que existe una fórmula perfecta, quiero ser honesta contigo sobre lo que la ciencia todavía no resuelve. La revisión de The Lancet es clara en un punto que me parece importante compartir tal cual: tanto las intervenciones farmacológicas,como la melatonina, como las no farmacológicas,terapias conductuales, rutinas estructuradas, higiene del sueño, muestran resultados prometedores pero inconsistentes. No hay todavía un protocolo único que funcione igual de bien para todos los perfiles.

Sí existe evidencia sólida de que algunas intervenciones conductuales ayudan. Un ensayo clínico aleatorizado publicado en 2024 en Autism, liderado por Brian Ip, Shirley Li y su equipo, evaluó una intervención de sueño entregada por telesalud, guiada por los propios padres, en niños preescolares autistas con insomnio. Sesenta y dos familias participaron: unas recibieron tres sesiones grupales de entrenamiento en estrategias de sueño vía videollamada, con apoyo telefónico, y otras recibieron el cuidado habitual. Los niños del grupo de intervención mostraron mejoras significativamente mayores en sus síntomas de insomnio, y como beneficio adicional, los padres reportaron menos estrés parental después del entrenamiento.

Es un estudio pequeño,sesenta y dos familias no es una muestra enorme, y fue realizado en Hong Kong, con un sistema de salud y una cultura de crianza distintos a la nuestra, así que hay que tomar los resultados con esa cautela. Pero confirma algo que a mí me da esperanza: no se trata de encontrar la «técnica correcta» en abstracto, sino de que tú, como mamá, tengas herramientas concretas y adaptadas al perfil sensorial y circadiano de tu hijo. Eso sí se puede entrenar, y sí funciona, aunque tome tiempo.

Las limitaciones que hay que nombrar en voz alta

Como mamá que ha leído demasiados titulares exagerados sobre «el estudio que lo cambia todo», prefiero decírtelo directo: esta revisión no es un estudio experimental nuevo, es una síntesis de evidencia existente, y eso significa que hereda las limitaciones de los estudios que resume. El estudio de aleatorización mendeliana, aunque es una herramienta estadística poderosa para aproximarse a causalidad, sigue dependiendo de qué tan bien las variantes genéticas usadas representan realmente el sueño y el ritmo circadiano, y ese es un supuesto que los propios investigadores reconocen como una limitación del método. Y el estudio de intervención por telesalud, aunque prometedor, todavía es pequeño y necesita replicarse en más poblaciones, incluida la nuestra.

Nada de esto invalida lo que encontraron. Pero prefiero que sepas exactamente qué tan sólido es cada hallazgo, en lugar de venderte una certeza que la ciencia todavía no tiene.

Y tu propio cansancio también cuenta en esta ecuación

Hay algo que casi nunca se dice en los estudios, porque los estudios miden al niño, no a la mamá que lleva años sin dormir una noche completa. Pero yo sí lo voy a decir: tu cansancio no es un efecto secundario menor. Es parte del sistema. Una mamá que lleva meses o años despertándose dos, tres, cuatro veces por noche,para acompañar, para calmar, para simplemente asegurarse de que su hijo volvió a dormirse, no tiene la misma capacidad de regulación al día siguiente que una mamá descansada. Y eso también afecta cómo respondes cuando tu hijo se desregula a las siete de la tarde.

No te lo digo para sumarte una preocupación más. Te lo digo porque durante años yo pensé que mi propio agotamiento era irrelevante frente al problema «real», que era el sueño de mis hijos. No es irrelevante. Cuando una familia entera duerme mal, el sistema completo funciona con menos margen. No hay una versión de este problema que se resuelva solo mirando al niño. Te incluye a ti, y mereces que se nombre.

Por qué esto importa más de lo que parece

Si hay algo que quiero que te lleves de este artículo, es esto: la próxima vez que tu hijo no logre dormirse, o que se despierte tres veces en la noche, o que a las siete de la mañana ya esté completamente desregulado, no es porque tú hayas fallado en poner límites. Es porque su cerebro procesa el sueño de una manera distinta, con una biología distinta, y esa biología está empezando recién a entenderse con la seriedad científica que merece.

Esta semana vamos a seguir con este mismo estudio como hilo conductor. El miércoles vamos a desarmar un mito que probablemente escuchaste más de una vez sobre el sueño de los niños neurodivergentes, y el viernes te voy a dejar una guía práctica y concreta con pasos que sí puedes implementar hoy en tu casa, basados en lo que la evidencia de intervención muestra que funciona. Por ahora, quédate con esto: no estás fallando. Estás criando a un niño cuyo reloj biológico necesita un tipo de acompañamiento que todavía casi nadie te explicó.

Si quieres acompañamiento en el camino

Saber que algo existe no alcanza. Criar Sin Molde te lleva paso a paso por este proceso, porque leer sobre el sueño en la crianza neurodivergente es el primer paso, pero trabajarlo es otro. Míralo aquí.

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